Desde hace ocho años, el Festival Internacional NORTÍTERES entrega el Reconocimiento al Mérito Titiritero, una distinción dedicada a honrar a las mujeres y los hombres que, con su talento, creatividad y compromiso, han dejado una huella significativa en la historia del festival y en el desarrollo del teatro de títeres en México y el mundo.
Este reconocimiento celebra no solamente una trayectoria artística, sino también la labor de quienes han dedicado su vida a preservar, enriquecer y transmitir los saberes de nuestra profesión, formando nuevas generaciones y fortaleciendo la tradición titiritera.
Reconocer a nuestros maestros y compañeros de oficio es también preservar nuestra memoria, dignificar nuestra profesión y asegurar que su legado continúe inspirando a las futuras generaciones.

Martín Letechipía Alvarado
El custodio zacatecano del títere.
Si hay un hombre que entiende el títere no como muñeco, sino como memoria, ese es Martín Letechipía. Zacatecano, titiritero, investigador, promotor cultural, artista plástico y coleccionista incansable. Director de la compañía Los Imaginantes, una de las agrupaciones más sólidas y poéticas del norte del país.
Su transhumancia como artista popular le viene de familia, su tatarabuelo fue un destacado marionetista, creador de la carpa de marionetas Frutoso Letechipía, con la que recorria plazas, pueblos y comunidades llevando la alegría a los rincones más apartados de nuestro país.
Martín es un rara avis en nuestro gremio: es al mismo tiempo creador e historiador.
Como creador, ha llevado a escena historias que son raíz: El árbol que sembraba lluvias, donde un niño africano trae a la Nueva España la semilla de un árbol que llama a la lluvia, es un ejemplo perfecto de su teatro – teatro de títeres que no infantiliza, que habla de esclavitud, de despojo y de esperanza con un lenguaje que entiende un niño de 8 años.
Como investigador, es el autor del libro «Gachita Amador» (2017), una de las pocas monografías serias que tenemos sobre una familia titiritera fundamental de México. Ha dedicado más de 25 años a rescatar el juguete mexicano, con una colección de más de 200 piezas – trompos, baleros, muñecas de cartón, hojalata – que se expuso en el Zigzag con más de 14 mil visitantes, porque para él, el títere y el juguete son hermanos. Como promotor, es el que está en las comunidades, no en el cóctel. Organiza concursos donde lo importante no es que el títere sea bonito, sino que se note la huella del niño que lo hizo. Exige tres cosas: que sea plástica viva, que sea funcional y que sea original. Ese es su manifiesto. Martín pertenece a esa estirpe zacatecana de titiriteros que no separan el arte de la fiesta popular, del Día de Muertos, del humor negro del Día de los Inocentes. Entiende que la cultura popular mexicana hace broma hasta de las tragedias para poder sobrevivirlas. En pocas palabras: Letechipía es un puente entre el Rosete Aranda y el niño que hoy hace su primer títere con un calcetín en La Leyenda, en Zacatecas.